viernes, 24 de abril de 2015

La (in)dignidad humana


(Articulo publicado en eldiario.es  el 24 de Abril)


Por caminos sinuosos y cíclicos. Así ha evolucionado históricamente la Humanidad. Hemos avanzado y retrocedido y vuelta a empezar. Y en medio de este vaivén hay conceptos que, aparentemente arraigados, acaban siendo arrancados del suelo firme conforme soplen los vientos. Tal es el caso de los derechos humanos que se amplían o recortan según sean los intereses económicos, políticos o geoestratégicos del momento.


La muerte de  miles de personas que buscaban una vida mejor en su camino hacia Europa debe hacernos pensar en este sentido. Asistimos a decisiones políticas cuyos argumentos se asientan en cálculos electorales y económicos; en explicaciones en torno al miedo y a la prevención que dejan a un lado la dignidad humana.

Asistimos también argumentos que tienden a limitar su análisis temporal y geográficamente. El problema no empieza en el momento que las personas suben al barco ni empieza precisamente en la playa. El problema comienza en el momento en el que su entorno no los acoge, sino que los expulsa y les obliga a huir de sus hogares. Empieza el día que no pueden ejercer ningún control sobre sus condiciones de vida porque alguien está tomando las decisiones en su nombre.

Quien embarca en una patera no decidió empezar la guerra en Siria, ni pudo hacer nada para evitarla; nada que no fuera huir. El pescador de Somalia no tenía ninguna opción para luchar contra la pesca abusiva de las grandes compañías que están esquilmando los caladeros en los que siempre pescó. La mujer que huye con sus hijos de Sierra Leona no tuvo ninguna oportunidad para plantarse ante las multinacionales que le roban la tierra, no pagan impuestos e impiden tener un sistema sanitario público.

Del total de los ingresos que Africa pierde cada año, solo un 5% se debe a la corrupción. Un 30% desparecen por actividades ilícitas. Pero es el mayoritario 65% el que desaparece por elusión fiscal. Elusión fiscal de empresas mayoritariamente de nuestros países y que casi dobla toda la ayuda al desarrollo de esos mismos Estados.

De nada sirve atacar las consecuencias si no abordamos las causas. Causas que, por cierto, han sido alimentadas en gran medida por una Europa que ha contribuido a azuzar conflictos, a apoyar regímenes corruptos y dictatoriales; que ha permitido el fraude fiscal de sus empresas multinacionales y el expolio de los recursos naturales de un continente extremadamente rico.

Pongamos ahora todos estos argumentos sobre tablero y analicemos las decisiones de Europa y España. Nada de lo que plantean sirve para resolver el problema; más bien todo lo contrario: lo empeorará generando más conflicto y mayores atentados a los derechos humanos. La actuación del ejército que ya se avanza como propuesta no puede sino agravar la complejidad de los conflictos y hacer más vulnerables, si cabe, a las personas que inician viajes a ciegas en condiciones deplorables. En ningún caso las soluciones pueden pasar por  la militarización de las fronteras y la criminalización de quienes son víctimas. Las decisiones políticas de este tipo alimentan posturas xenófobas profundamente peligrosas que deberían hacernos temblar como sociedad.

El gran Monopoly en el que parece que el planeta se ha convertido no resiste más. ¿Cuán grave tiene que ser la situación para la Humanidad se revuelva, dé un golpe en la mesa y diga basta? ¿Cuántas personas más van a perder su vida en el camino mientras se alimenta la hipocresía y el cinismo? ¿De verdad se cree que la solución está en hundir barcos, enviar ejércitos, levantar vallas y poner concertinas? ¿Qué más tiene que ocurrir para que se entienda que no podemos parar una hemorragia de la aorta con una tirita?

La dignidad de las personas es ante todo un valor colectivo. Atentar contra ella significa atentar contra la Humanidad en su conjunto.

Sofía, una mujer de Eritrea llegada a Italia, decía recientemente: "Si muero en el mar no importa, al menos no habré sido torturada". Cuando el Ministro Margallo asegura que las personas que mueren en el Mediterráneo son inmigrantes económicos olvida que muchas de ellas han recorrido un camino acompañadas de la violencia, el terror, el hambre, la vulnerabilidad más extrema. Y por supuesto, olvida, que les acompaña también una dignidad que está muy por encima de una Europa que permite que el Mediterráneo se esté convirtiendo en una fosa común. Ojalá que los valores fundacionales europeos pongan un poco de luz en momentos tan indignos. Como Humanidad nos jugamos mucho.



El articulo esta publicado en eldiario.es AQUI






Articulo escrito conjuntamente con Yolanda Polo y publicado en castellano en eldiario.es expresando el posicionamento de la CONGDE







lunes, 20 de abril de 2015

El Trailwalker de 2015 en Girona



El sábado fui a Olot, a ver cómo arrancaba la “Trailwalker 2015”. A primera hora de la mañana, mientras la niebla todavía inundaba todo el valle, saludé mucha gente que estaba al mismo tiempo ilusionada y nerviosa, esperando la hora de la salida.


A las 10h. vi la salida de la Oxfam Intermon Trailwalker. Primero salieron los tres equipos de gente en silla de ruedas y el equipo de personas invidentes. Salieron mientras recibían el aplauso contundente de admiración y ánimo de las más de 2.000 personas que había en Olot.
Sentí la emoción de esta primera salida en la piel. No rehecho de esta emoción, dos minutos más tarde, llegó la de la de la salida multitudinaria, tranquila, festiva y animada.

Los 1.500 marchadores salieron como un río humano por debajo del arco blanco bajo la atenta mirada de todos los equipos de apoyo, familiares y amigos.
Caminé parte de la primera etapa con compañeros de algunos equipos y después en coche recorrí todos los puntos de control.
En los primeros puntos de control y avituallamiento vi la imaginación, generosidad y sofisticación de los equipos de apoyo. Tenían preparado todo tipo de atenciones para los marchadores. Mesas puestas espectacularmente, un jamón, camillas de masaje, disfraces, atrezzo, .. y todo lo que os podais imaginar.

Más adelante en Girona saludé el equipo de fisioterapeutas voluntarios preparados para ayudar a los caminantes esperando tranquilamente la avalancha de trabajo que tendrán dentro de un rato. Y también al equipo de podólogos voluntarios en la misma espera. Mientras hablaba con ellos, los primeros equipos pasaban sin detenerse y corriendo. No es lo más
habitual, pero es cierto que hay quien busca records personales y ponen un alto nivel competitivo.

El grueso del grupo viene por detras, a ratos corren, pero básicamente caminan. Cuando el grueso llega a Girona, después de más de 50 km en cada pierna, en la cabeza de muchos de los participantes se hace presente con fuerza la opción de abandonar. Llagas, dolores musculares, articulares, .... son las causas que piden en la cabeza, "Abandona!". El descanso, los podólogos, los fisios y el equipo convencerán al desanimado del equipo que aparte de la cabeza està el corazón y confiará en el equipo y continuará hasta Cassà de la Selva. En parte por los ánimos y en parte porque nadie quiere romper el equipo, si sabe que confían en él.

En Cassà, la noche y el cansancio harán pensar en abandonar a uno o dos más del equipo. El que quería abandonar en Girona ahora ya se ha repuesto y animará ahora a los otros dos. Descansar otro rato y el equipo de enfermería, harán el resto para convencer a todos a continuar. Es lo que tiene ser un equipo!

Y han salido ya a oscuras, con frontales iluminando el camino. Saben que va a llover y que seguramente la lluvia los castigará. Pero no saben si será mucho o poco.
En Llagostera los podólogos permitirán continuar a unos cuantos más. Y les quedará solo Sta. Cristina y después Sant Feliu.

He pasado muchas horas en Sant Feliu de Guíxols viendo como llegaban los equipos. Es difícil explicar las caras y la intensidad de los abrazos que los equipos se hacen en la línea de meta y que esconden la historia particular que los ha llevado a hacer los 100 km o el secreto de equipo que les ha permitido terminar. No esconden la cara de cansancio, ni el dolor en alguna parte (aunque la satisfacción si que esconde la intensidad).
El comentario que más he escuchado, es: "es realmente muy duro". Pero también escucho decir "estamos muy contentos y contentas" y "el año que viene volvemos".
También hay quien me dicen que no, que no vuelva a contar con ellos. Pero algunos de los que me han dicho que no, un día más tarde se lo están repensando.

A la llegada, equipos que no han llegado completos, se acuerdan del miembro del equipo que no ha podido llegar o se acuerdan de aquel que por la razón que sea no ha podido salir. Muchas veces el que ha tenido que abandonar, los acompaña con el semblante un poco decepcionado y con cara de: "La próxima vez, .. seguro!"
El 84% de los caminantes han terminado los 100 km. El 84% se marcha a casa contento de haberse superado personalmente, de haber conseguido un reto que no tenía claro que consiguiera. Contento de toda la organización. Y especialmente contento de haber hecho esto por Oxfam Intermón y por el trabajo que hacemos.
Y todo esto da una combinación mágica que hace del Trailwalker algo especial. Un año más el día después lo volvemos a confirmar. ¡Y ya es el 5º año consecutivo que lo confirmamos!



La lluvia (muy fuerte a ratos) no logró apagar la trailwalker ni el empuje de todos los corredores (aunque hubieran preferido no tenerla de compañera de viaje).



 A pesar de sus consecuencias, todo el mundo seguía llegando satisfecho al kilómetro 100.









En el paseo de Sant Feliu de Guíxols, un año más la batucada que recibió los últimos equipos, al terminar dio lugar al silencio. Silencio que sólo rompe el sonido de personas desmontando las vallas y arcos que han sido testigo de la llegada heroica de muchos caminantes.
Desde lejos a punto de irme, yo -como otros compañeros- hemos pensado por dentro satisfechos:
"¡Hasta el año que viene! ¡Tengo que animar a más gente a hacer esto! De esta experiencia todo el mundo sale contento y cambiado ¡y no quiero que nadie se lo pierda! "
¿Tú te animarás?






viernes, 10 de abril de 2015

El ébola todavía

Desde que el mes de octubre del año pasado se curó Teresa Romero, el ébola ha ido desapareciendo de las portadas y de nuestras mentes. Parece que ha desaparecido de nuestras vidas.
Este hecho nos sirve para ser conscientes de nuevo de lo pequeño que es el "nuestro" mundo.
Ahora otro trágico acontecimiento, un accidente de avión, llena páginas y páginas hasta unos niveles absurdos queriendo captar nuestra atención explotando nuestra tendencia natural a preocuparnos por lo que consideramos más cercano o lo que creemos que nos puede afectar más . Por eso hablamos más de "nuestros" cincuenta muertos que los otros cien de todas las nacionalidades que los acompañaban en el fatídico vuelo. Muertes prematuras e injustas todas.

A raíz del accidente nos han dicho que hay 100.000 vuelos diarios en todo el mundo. Somos una comunidad global e interconectada. Y por eso no podemos ignorar que pasa con el ébola. Más de 10.000 muertos y 24.000 infectados "oficiales". La gravedad de la situación en Sierra Leona, ha hecho confinar a todos sus habitantes en sus casas tres días para controlar los contagios y poder limpiar escuelas y espacios públicos. Se imaginan este panorama en nuestro país?

En el año 2012 Sierra Leona, uno de los países más pobres del mundo y con una de las guerras más cruentas de África del Oeste a las espaldas, tuvo que perdonar impuestos a seis grandes multinacionales a cambio de que accedieran a instalalarse el país. Estos impuestos que no ingresan cada año, equivalen a ocho veces su presupuesto de sanidad. Dos años mas tarde el país tiene que enfrentar el ébola sin infraestructura sanitaria adecuada, con 4.000 personas muertas y con perdidas de  1.600 millones $ de su PIB

por culpa de lo que la enfermedad no ha permitido producir.

Xavier Aldekoa explicaba como en Sierra Leona, al atardecer, alrededor del fuego, la gente discutía qué era peor, si la guerra o el ébola, y la conversación ponía los pelos de punta.
¿Qué preferiríamos nosotros?

Su vida diaria es un infierno generación tras generación, pero nuestros medios le dedican 10 minutos de atención cada seis meses. Hay que ser consciente de que el mundo han cambiado mucho en 30 años y los Informativos y sus secciones y la manera de cubrir la agenda local e internacional, en realidad, muy poco. Quizás es hora de pedir información que nos ayude a concebir humanidad.

El último atentado en Kenia y la diferencia de cobertura que los medios dieron al atentado del avión de Germanwings y la del atentado de Charlie Hebdo, es un ejemplo más de que no tratamos todos los sucesos por igual porque no tratamos todas las personas por igual. En esto tenemos que madurar a nivel personal y a nivel colectivo.






Articulo publicado en la columna mensual de la revista El Portal de Centelles. (Num 248 Abril2015)