martes, 20 de octubre de 2015

La ternura de Don Mimmo

Esta entrada se ha publicado en el blog 3500 Millones y tambien la podeis encontrar allí           (versió en català)

Don Mimmo
Fotos de Quim Vives i Seguí


Don Mimmo, el párroco de Lampedusa es todo un personaje. Al preguntarle qué piensa la gente de la isla sobre la continua llegada de migrantes a sus costas, reconocía con gran sencillez que en Lampedusa hay de todo, ciudadanos acogedores y ciudadanos racistas, ciudadanos de derechas y de izquierdas, pero cuando se enteran de que alguien se está ahogando en el mar, independientemente de lo que piensen, salen todos a ayudar. 

Esa reacción profundamente humana es la que encontramos también detrás de la gran ola de solidaridad con los refugiados que se ha producido en nuestro país. Y es esta reacción la que ha descolocado tanto a los políticos, que han tenido que cambiar su discurso más egoísta e insolidario.

Como en Lampedusa, después de salir al mar y rescatar a alguien hay que preguntarse qué hacer con él o con ella, cómo hacerlo, por qué, con quién y hasta cuándo. En este punto la unanimidad ya no será tan grande como en el momento de salir al mar, y es bueno saberlo, y preparar todas las respuestas.  

La primera respuesta es y debe ser humanitaria. En el caso de los refugiados nos obliga el derecho internacional pero todo parece indicar que no estamos actuando con la celeridad y la responsabilidad necesarias, en lo que a los preparativos para la acogida física y administrativa se refiere. Las organizaciones que recibirán a los refugiados saben qué tienen qué hacer y cómo pueden hacerlo bien, pero el gobierno no parece estar dando la suficiente información, ni de una manera demasiado clara, ni está claro con qué medios. 

La segunda respuesta también tiene que ver con la acogida, pero mental. Necesitamos una nueva mirada a lo que nos rodea, más profunda y comprometida, para acomodar este nuevo mundo convulso y desigual en nuestra cabeza y, desde ahí, cambiar las leyes y las instituciones. No podemos conformarnos con lo que creemos ver, o nos empujan a ver. Tenemos que abrir la mirada, al menos, en dos sentidos: a lo alto, y a lo ancho.

  • A lo alto y por encima de los adjetivos que a menudo sólo ponen distancia entre nosotros y los demás, porque vemos (o nos quieren hacer ver)  “sirios”, “sin papeles”, “refugiados” y “inmigrantes”, y nos olvidamos (o nos quieren hacer olvidar) de que ante todo son siempre personas, y que como personas todos tenemos los mismos derechos, y no hay ningún adjetivo que justifique diferencias sustanciales.


  • A lo ancho porque no podemos, a estas alturas, no preguntarnos por qué están viniendo. Todo el mundo debería tener el derecho a viajar al país que le plazca. Pero resulta evidente que quien está llegando a nuestro país, no lo hace por placer sino porque no ha tenido otra opción. Y no la ha tenido o bien porque su país está en guerra, o en medio de algún conflicto, o bien porque escasean los recursos incluso para alimentarse. Nadie escoge donde nacer, y en un mundo globalizado a nadie se le escapa ya, que nada pasa aisladamente. Los conflictos mundiales o el hambre son problemas que responden a intereses económicos o geopolíticos y a expolios directos (recursos naturales, acaparamiento de tierras, etc.) o indirectos (el 65% de los fondos que pierde África anualmente son por elusión fiscal de grandes empresas multinacionales, por ejemplo).

Solo así, abriendo la mirada, vislumbraremos nuevas respuestas de orden político y económico. Y no siempre serán simples, baratas o rápidas porque los grandes problemas son complejos, y como tal hay que tratarlos.

Si algo positivo tiene esta crisis al traernos tanta pobreza y tanto sufrimiento a las puertas de nuestra casa, a nuestros trenes y a nuestras playas, es que podemos ser más conscientes, vivir más de cerca, lo que en el resto del mundo se vive desde hace años y a diario. Ser conscientes de la magnitud de la injusticia, del escándalo sangrante de la desigualdad es el primer paso para empezar a construir un mundo diferente.

El 17 de Octubre fue el día mundial de erradicación de la pobreza. La crisis de refugiados puede ser un gran problema para una sociedad que en el fondo se autocomtempla mucho o puede ser la gran oportunidad para que entendamos que el problema de la desigualdad y de la pobreza es global, y como tal hay que abordarlo. Si solo aumentamos el presupuesto de servicios sociales y no modificamos política exterior, si el gobierno no incrementa la coherencia global de las decisiones a nivel interno y nosotros individualmente tampoco damos un paso delante de justicia global en las nuestras, no habremos entendido nada.

La reacción tan humana y emotiva de este verano, sin abrir la mirada y sin hacer este ejercicio, se convertirá en la más mezquina.

Podremos acertar o equivocarnos, pero nuestra dignidad e incluso egoístamente si quieren, nuestro bienestar futuro depende en buena medida, de la manera cómo tomemos hoy, ciertas decisiones.











jueves, 15 de octubre de 2015

El Buen Samaritano

Este texto surge de otro texto original que está en un libro muy antiguo y se puede encontrar aquí e inspirado por una noticia aparecida en los periódicos de hoy. Aún así cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

En una tertulia de un conocido medio, un tertuliano preguntó a un invitado ..
Pero para ti, ¿cómo debe ser una buena persona?
¿Qué dice la constitución y las leyes?
Dicen que se deben cumplir, pero la mayoría... ¡ya lo hacen!  ¿Con esto basta?
Y el invitado le dijo:
Un hombre huía de la guerra de su país y tuvo que cruzar el océano en una vieja embarcación que naufragó. Llegó nadando y exhausto a la playa y perdió la consciencia casi ahogado.

Pasó un arzobispo por aquella playa y vio al hombre inconsciente. Se acercó y al ver los caracteres faciales y la vestimenta dedujo que era de otra religión y que quizás era el caballo de Troya que acabaría destruyendo su iglesia y su religión. Pasó de largo y siguió meditando por la playa.

Igualmente pasó un político con un cargo muy alto en el país y se acercó al hombre. Vio que no era ciudadano de su país y pensó, ..  si ahora le ayudo y me ven no me votarán en las próximas elecciones porque después de lo que están sufriendo los de mi país con los recortes que yo he hecho, ahora no puedo ayudar a alguien de fuera. ¡Que se preocupen los políticos de su país!
Y el ministro del interior que lo acompañaba, -hombre de misa diaria- añadió: No te preocupes, ahora llamo a la policía para que se “encarguen“ de él, porque seguramente es un terrorista.

Pero un ciudadano que pasaba por la playa se acercó. Había visto hacía un rato un niño muerto bien vestido en la playa por el que nada pudo hacer. Pero se dio cuenta de que el hombre todavía estaba vivo. Le reanimó, esperó a que recuperase la conciencia y pese a que no le entendía, pensó en acogerlo en su casa. Viendo que era extranjero lo llevó a la oficina de CEAR que sabía que atendían refugiados y luego se interesó por los motivos que le habían llevado a iniciar aquel viaje que había acabado en aquella playa.
No contento con todo ello, hizo un donativo a CEAR  (Comisión Española de Ayuda al Refugiado) para que lo atendieran y otra a Oxfam Intermón para que siguieran  trabajando para que la gente no tuviera que irse de sus países de origen a la fuerza y porque sabía que además los ayudaban en el trayecto y en los campos de refugiados.

Buscó al político y muy enojado le recriminó porque ignoraban a proposito un problema que muchas veces habían creado ellos y otros dirigentes como ellos con sus decisiones de política exterior. Buscó al arzobispo pero se había encerrado en su palacio y no quiso recibirlo.(*)

¿Cuál de estos tres ha sido un buen ciudadano? Pregunto el invitado.
El tercero! -contesto sin dudarlo el tertuliano-, pero….
Y el invitado le cortó… Pues la buena persona es la que hace lo mismo que hizo el ciudadano!

* Dos dias más tarde el arzobispo pide disculpas por  su actitut.

viernes, 9 de octubre de 2015

No cambiaremos de opinión, 'Refugees Welcome'

Este final de verano, la ciudadanía ha reaccionado y con un clamor unánime ha hecho cambiar de opinión a los responsables de los gobiernos.
¡SI! 
Si es necesario, que vengan a casa! 
Basta de gente ahogada, de niños muertos en la playa, de vallas y de zancadillas de periodistas! 

Esta reacción indignada, ha sido muy sincera y de corazón, pero ... ¿Es racional? ¿Es lógica?
Por supuesto que lo es.


  • Es lógico porque son personas. Todas tienen unos derechos mínimos y una dignidad sólo por el hecho de ser personas. Lo que es ilógico e inhumano es aceptar que nosotros tenemos derechos y el resto no.
  • Es lógico porque éticamente tienen derecho a venir ...., peroes que ademas  en el caso de los sirios, tienen derecho legalmente como refugiados.
  • Es lógico que los recibiaos porque mientras los migrantes que llegan a Europa representan sólo un 0,07% de la población total de Europa,en países más pobres representan hasta un 20%. Y hace tiempo que reciben refugiados. El 86% de los refugiados del mundo estan refugiados en paises pobres. A pesar de ellos gesticulamos y  hacemos aspavientos sobreactuando .
  • Es lógico que cuando decimos que en el mundo hay enormes desigualdades, Europa pertenece al extremo donde hay mas riqueza y es lógico que comparta su riqueza con gente que llega porque en su país no hay posibilidades.
  • Pero una vez acogidos hay que preguntarse sin demora, ¿por que han tenido que venir?. El origen de sus conflictos y la ineptitud de los gobernantes de topdo el mundo están relacionados con las causas. Han gobernado el mundo como si lo que provocan lejos de sus paises no pudiera nunca llegar a nuestras playas y ya sabemos que esto no es así.

Y siendo todo esto lógico, la acogida de los recién llegados, por coherencia, no la podemos hacer
  • Ni con el presupuesto de bienestar social que teníamos, ya que estaríamos haciendo pagar a los más pobres la factura de la acogida
  • Ni con el presupuesto de cooperación que es el destinado a generar oportunidades allí para que no tengan que venir


Ahora el tema ya no está en las portadas y pueden tener la ssensación de que nuestra solidaridad se relajará, porque olvidaremos todo lo que hemos visto y sentido.
 Pero cuando las decisiones son simultaneas de corazón y de cabeza se hacen fuertes en nuestro cerebro.
- Acoger al que lo necesita,
- asegurar que no tenga que sufrir para llegar y, sobre todo,
- trabajar y destinar fondos para que no tengan que huir de su casa,
                    son las tres componentes del trabajo solidario. Y necesitamos las tres.

Sí refugiados y refugiadas, sois bienvenidos!



Articulo publicado en la columna mensual de la revista El Portal de Centelles (Num 254 Octubre2015)