martes, 10 de enero de 2017

La solidaridad, mejor con la cabeza

Publicado en castellano en el blog de la Coordinadora Española de ONG para el desarrollo, lo podeis encontrar tambien aquí

Antes de dar o hacerse socio de alguna entidad hay que hacerse preguntas y tomar decisiones: para qué, a quién, cuánto y durante cuánto tiempo.

Artículo publicado en el Diari ARA del 6 de Enero del 2017

Estamos en unas fechas en las que mucha gente hace aportaciones solidarias a diferentes causas o debe decidir qué cuotas de entidades continúa pagando. El caso de Nadia y la presunta estafa solidaria de sus padres ha hecho saltar las alarmas y ahora se cuestionan las llamadas solidarias. Y está bien que sea así. El caso de Nadia nos debe ayudar a reflexionar y aprender sobre nuestra forma de ser solidarios.

La mejor solidaridad es la solidaridad consciente y constante, no la solidaridad puntual, casual, o la solidaridad reactiva ante llamadas que llegan a través de los medios de comunicación o las redes sociales, o de jóvenes con chalecos en la calle. Las llamadas son necesarias para despertar nuestras conciencias pero debemos luchar contra el inmediatismo en estos temas. La solidaridad real y efectiva es la comprometida, la de largo plazo, que permite apoyar a colectivos, comunidades o proyectos de manera sostenida en el tiempo.

La mejor solidaridad es la solidaridad que atiende los síntomas pero sobre todo actúa sobre las causas. Siempre que hacemos un donativo o nos hacemos socios de alguna entidad debemos pensar si pretende resolver un síntoma, una necesidad o si va a las causas de los problemas. A menudo hay que destinar dinero a los síntomas para evitar sufrimiento a las personas, pero no olvidemos que si no destinamos muchos más dinero a las causas nunca resolveremos realmente los problemas. Y cuando hablamos de causas, a menudo hay que invertir tambien en investigación y estudios, no sólo en asistencia directa. Si queremos cambiar las cosas de raíz se necesitan buenos análisis para hacer buenas propuestas y es imprescindible la presión política, la sensibilización y la difusión. No perdamos de vista que hay entidades grandes, pequeñas, generalistas o especializadas y que todas tienen su rol.

La mejor solidaridad es la solidaridad que combina razón y emoción, no la que responde sólo a impactos emocionales. Hay que vigilar especialmente con las llamadas solidarias cuando aparecen niños. A todos nos toca la fibra sensible y el corazón los niños, pero hay que ir más allá del corazón. Siempre que donamos para un niño o para una persona concreta, hay que preguntarse por qué este y no al de al lado, ¿por qué a uno y no a todos los afectados por la misma problemática?. Cuando nos quieren tocar el corazón, las fotografías y los mensajes suelen tender al sentimentalismo y el dramatismo y a menudo se abusa de la imagen de los menores, y no se respeta su intimidad o dignidad. Es por ello que las ONG tenemos unos códigos éticos para evitar caer en manipulaciones sentimentales. Las demandas de ayuda a personas concretas son absolutamente legítimas y a menudo las ponen en marcha amigos y familiares sin experiencia, con toda la buena intención, y hay que agradecerles esto, pero también hay que tener presente que estas campañas tan personalizadas o dramáticas no suelen tener un enfoque del problema global, no perduran en el tiempo y presentan más riesgos de pervertir las finalidades.

La mejor solidaridad es la que organiza y ayuda a organizarse colectivamente. Por experiencia personal sé que las soluciones colectivas son las que normalmente resuelven una situación. Si tienes un hijo con problemas, quieres ayudarle a él, pero si eres honesto, no sólo querrás ayudar a tu hijo sino todos los que están o estarán como él. La diferencia es si se lucha para soluciones individuales o para derechos colectivos, para solucionar el problema de una familia o establecer las bases para que muchas otras que se puedan ver afectadas encuentren apoyo y soluciones en el futuro.

La mejor solidaridad es la que combina lo más próximo y lo más lejano. Tenemos muchas pruebas cada día que todo lo que ocurre en el mundo nos acaba afectando. El mundo es global, y evitar los conflictos o los malestares en la otra punta del mundo puede hacer nuestro entorno cercano también más justo. Sólo localmente no conseguiremos arreglar las cosas realmente. Las migraciones y el desplazamiento forzado de personas son el ejemplo más claro. Nuestra solidaridad, siempre que sea posible, no puede olvidarse el local-global, el aquí y el allá. No hay personas de primera y de segunda. Todo el mundo por ser persona tiene los mismos derechos, haya nacido donde haya nacido.

No lo olvidemos. Antes de dar o hacerse socio de alguna entidad hay que hacerse preguntas y tomar decisiones: para qué, a quién, cuánto y durante cuánto tiempo. Haberse cuestionado esto es imprescindible para no caer en trampas, impulsividades, engaños o autoengaños. Y después de dar o hacerse socio de alguna entidad hay que seguir haciéndose preguntas, seguimiento y preocuparse. Debemos ser completamente conscientes de lo que queremos y de lo que podemos hacer. Porque la mejor solidaridad es la que nos provoca cambios personales. Y si lo hace, probablemente también provocará cambios colectivos, y es así como se construye una sociedad mejor.



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